a David
No se si me escuchas, pero según escribo esto, te siento cerca, más cerca aún de lo que estuvimos estos últimos años.
He intentado recordar el nombre que le pusimos a nuestra canción, pero por más que lo intento, no me acuerdo.
Toco la guitarra un poco todo los días, ya sabes "tiene mas curvas que la mujer y el agujero mas grande"... de vez en cuando chapurreo nuestro tema, no consigo tocar bien las cuerdas porque me sigo comiendo las uñas.
Me caso dentro de un mes con Marga, al final te hice caso, pero como ves me olvide de invitarte.
Las semanas, los meses y los años se acomodaron entre nosotros.
Lloro de impotencia, de rabia, de tristeza, hundido por un sentimiento de culpabilidad enorme, perdóname.
Solo quiero que sepas que seguiré avanzando por mi camino pasito a pasito, sin olvidar jamás el tramo que recorrimos juntos.
Gracias por haberme acompañado.

Andrea dijo
El hombre es un animal de costumbres. Y te acostumbras a lo largo de la vida a cambios, a distintos lugares, situaciones personales, laborales, y a gente que va y que viene. David vino, y nos dejó algo muy grande. Pasó el tiempo y el ritmo cambió, y nos acostumbramos a otra gente, a otras tardes con otros planes, con otros quehaceres. Y es ese ritmo, a veces frenético, el que no nos permite a veces parar, reflexionar, y volver al pasado, a repetir costumbres (una caña, una canción a 4 manos...). De repente, algo inesperado sucede y te elimina por completo esta opción, y es entonces cuando la rabia te invade y no hay consuelo. O sí. El de recordar, porque hubo momentos inolvidables, porque David ES un tío inolvidable. Y porque vuestra amistad tuvo un aprecio bidireccional. Y eso no te lo quita nadie.
25 Mayo 2009 | 03:12 PM